Cámbiame las razones y los motivos,
para escoger todo aquello que no anhelo,
enséñame a tropezar donde no me atrevo,
haz de las malas decisiones los mejores anfitriones
Muéstrame que soy producto de lo corriente,
que soy maniquí, que soy una imagen,
que soy sinsabor, decepción, artista sin obra,
no hay un sólo deseo que se inspire en mí
Llené la cabeza y mis tardes de ideas,
florecieron los defectos más que las musas,
nacieron mis obras en descomposición,
inventé un sinónimo para la mediocridad
¿Qué me queda? Un trabajo sin empezar,
una historia para nunca contar, ni nombrar,
el regocijo del karma, el orgullo de la venganza,
la ilusión del altruista que colapsó sin más
Preséntame una última obviedad, tal vez,
asumo las consecuencias, conozco el final,
déjala inconclusa, renuncia a voluntad,
quiero ser víctima de la inacción,
siempre en obra negra, en construcción
10 de junio de 2011
24 de marzo de 2011
Rehaciéndome
No iba a romper esas delicadas piezas de valor que por tanto tiempo cuidé. Tampoco iba a pegar uno a uno los pedazos de las que se me habían desmoronado. Culpa mía fuera, o de otro. No había riesgo de hacerlo.
Todos los caminos que recorrieron conmigo, lo que conocieron, soportaron, vivieron, aprendieron y asumieron. ¡Mierda! Ya se me olvidó como seguir. Acabo de recordar que había olvidado las instrucciones para componer. Dejé la voz tirada en el suelo, las manos y la caligrafía colgadas en las cuerdas y empujé por la ventana el cajón que todo lo valoraba, que todo lo recordaba. Me había dedicado tanto tiempo a la indiferencia de lo corriente, que no soñaba más.
Excepto anoche. Me cayó el remordimiento en la cabeza, como un libro pesado, y se me abrió en las páginas que le había arrancado. Las tendría que buscar respirando y sin ahogarme entre lo inútil. Entre los inútiles. ¿Cuánto me iba a costar quebrantar mis principios al pasar por encima de todo y pisotear lo despreciado? De nuevo, no lo iba a hacer. Paré con la introversión y asesiné el sesgo delicioso en el que me creía, y sentía, irrefutable. Me rendí a lo propio y ante el consuelo. De cualquier manera era, y es, mi naturaleza.
Proferí un concierto de quejas, todos oyeron. Fue mi tiro de gracia, la ridiculización a sangre fría. En segundos me vi rodeado y, contrario a lo que soñé todo ese tiempo, no estaban ahí para apaciguar las hojas aún levitando; en fila india se organizaron y me propinó cada uno una bofetada, acompañada en algunos casos de una moraleja, en otros de un reproche.
Había acabado de abrir los ojos, de tomar conciencia. De ofrecerme mi propia bofetada, reproche y moraleja juntos, por ello, por todo. ¡Buen día! Aunque estuviera seguro que había sido todo una injusticia, las sábanas apenas si empezaban a despegarse de mi piel de cobarde.
Todos los caminos que recorrieron conmigo, lo que conocieron, soportaron, vivieron, aprendieron y asumieron. ¡Mierda! Ya se me olvidó como seguir. Acabo de recordar que había olvidado las instrucciones para componer. Dejé la voz tirada en el suelo, las manos y la caligrafía colgadas en las cuerdas y empujé por la ventana el cajón que todo lo valoraba, que todo lo recordaba. Me había dedicado tanto tiempo a la indiferencia de lo corriente, que no soñaba más.
Excepto anoche. Me cayó el remordimiento en la cabeza, como un libro pesado, y se me abrió en las páginas que le había arrancado. Las tendría que buscar respirando y sin ahogarme entre lo inútil. Entre los inútiles. ¿Cuánto me iba a costar quebrantar mis principios al pasar por encima de todo y pisotear lo despreciado? De nuevo, no lo iba a hacer. Paré con la introversión y asesiné el sesgo delicioso en el que me creía, y sentía, irrefutable. Me rendí a lo propio y ante el consuelo. De cualquier manera era, y es, mi naturaleza.
Proferí un concierto de quejas, todos oyeron. Fue mi tiro de gracia, la ridiculización a sangre fría. En segundos me vi rodeado y, contrario a lo que soñé todo ese tiempo, no estaban ahí para apaciguar las hojas aún levitando; en fila india se organizaron y me propinó cada uno una bofetada, acompañada en algunos casos de una moraleja, en otros de un reproche.
Había acabado de abrir los ojos, de tomar conciencia. De ofrecerme mi propia bofetada, reproche y moraleja juntos, por ello, por todo. ¡Buen día! Aunque estuviera seguro que había sido todo una injusticia, las sábanas apenas si empezaban a despegarse de mi piel de cobarde.
20 de marzo de 2011
Mi hoy
Si el misterio del silencio fueran palabras, escribiría libros enteros de mi soledad...
Tomado de una estrofa entre varias, en la cabeza.
.
Tomado de una estrofa entre varias, en la cabeza.
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24 de octubre de 2010
El paradigma universitario ¿1?
Y la norma del primíparo es quitarse uno de los dos nombres, o más (si se tienen), claramente el que el sujeto considere más feo o menos atractivo socialmente. Si existe algún nombre de uso exclusivo de la familia y no del resto de personas, es un buen indicio de que ése debe ser el eliminado.
Acciones tomadas:
- Eliminado el nombre, o nombres, no sólo a la hora de presentarse y dar su nombre y demás datos personales en clase, sino también de todo servicio web donde lo tiene registrado, léase Facebook, Twitter, Hi5 (¿será?), Myspace (...), etc.
- Se botan todo tipo de documentos o cartas amorosas comprometedoras, o afines al asunto, especialmente si están en la billetera o rondan algún lugar visible de la habitación o la cotidianidad en general.
Si el individuo tiene un nombre compuesto, se le denota ahora como práctico eliminar uno de los dos, prácticamente al azar, así se da simplicidad a la hora de ser introducido ante otras personas y dificultad a la hora de ser encontrado en una red social o alguna labor semejante, léase: si lo encuentran, es porque de verdad lo necesitaban.
Fin I
Acciones tomadas:
- Eliminado el nombre, o nombres, no sólo a la hora de presentarse y dar su nombre y demás datos personales en clase, sino también de todo servicio web donde lo tiene registrado, léase Facebook, Twitter, Hi5 (¿será?), Myspace (...), etc.
- Se botan todo tipo de documentos o cartas amorosas comprometedoras, o afines al asunto, especialmente si están en la billetera o rondan algún lugar visible de la habitación o la cotidianidad en general.
Si el individuo tiene un nombre compuesto, se le denota ahora como práctico eliminar uno de los dos, prácticamente al azar, así se da simplicidad a la hora de ser introducido ante otras personas y dificultad a la hora de ser encontrado en una red social o alguna labor semejante, léase: si lo encuentran, es porque de verdad lo necesitaban.
Fin I
20 de octubre de 2010
La creación (común)
Cuando supo que la tratarían de idiota, hizo alarde de su potencial.
Cuando supo que le llamarían ilusa, empuñó un lápiz.
Cuando supo que no le pagarían nada, decidió trabajar por todo. Y todos.
Cuando se dió cuenta que el mundo era un lienzo pequeño, lo dividió apenas en derecha e izquierda.
Entonces vislumbró lo que evolucionaba abajo de sí:
Hubo por un lado libros cerrados, melodías silenciadas, colores escasos en las puertas y ventanas y un sinsabor en todo; y por el otro lado amanecieron las paredes llenas de colores, casi gritaban los instrumentos, las calles se inundadaron de páginas con temas tan variados como los granos de arena bajo los pies. El mundo ya no les pertenecía a los últimos, era su medio. De hecho nada y todo les podía ser suyo a la vez. Sólo se sabía de qué mano o manos provenía.
Y en lo concerniente a Ella -que es todos en Una-, y éstos, sus dos lados recién descritos, empezó a narrar su historia a diestra y siniestra, respectivamente.

Cuando supo que le llamarían ilusa, empuñó un lápiz.
Cuando supo que no le pagarían nada, decidió trabajar por todo. Y todos.
Cuando se dió cuenta que el mundo era un lienzo pequeño, lo dividió apenas en derecha e izquierda.
Entonces vislumbró lo que evolucionaba abajo de sí:
Hubo por un lado libros cerrados, melodías silenciadas, colores escasos en las puertas y ventanas y un sinsabor en todo; y por el otro lado amanecieron las paredes llenas de colores, casi gritaban los instrumentos, las calles se inundadaron de páginas con temas tan variados como los granos de arena bajo los pies. El mundo ya no les pertenecía a los últimos, era su medio. De hecho nada y todo les podía ser suyo a la vez. Sólo se sabía de qué mano o manos provenía.
Y en lo concerniente a Ella -que es todos en Una-, y éstos, sus dos lados recién descritos, empezó a narrar su historia a diestra y siniestra, respectivamente.
Un homenaje.
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