20 de octubre de 2010

Exceso de Sinapsis

Llévame la cabeza a querer:
golpear y aplastar los objetos;
hacer físicas las formas de las sombras;
balancearme en puentes de sonidos;
sumergirme en piscinas de sabores;
y por último rozar, al menos, las superficies bióticas.

Conglomeran alrededor de una decena de impulsos,
resultan éstos en una reacción en cadena de sentimientos,
invaden con paradojas el sosiego,
y descartan toda posibilidad de súbito despertar.

Tanto es el tiempo percibido como improductivo,
cual ultravioleta, es rápida la propagación de los sorprendidos,
nace el teléfono roto de una agonía como latidos terminales.

No hay aquí iteraciones finitas hasta el clímax,
se repiten los inexplicables hasta el ahogo:
comienza en duda, luego cuestionamiento,
si infla en alaridos y explota en las incontinentes salinas

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